miércoles, 13 de septiembre de 2017

El 13/09 a las 9:13h



Tal día como hoy, a lo largo de la historia, han sucedido las cosas más variopintas. Es el día de San Juan Crisóstomo y de Santa Iria de Tancor, entre otros. Se celebran el día del bibliotecario y el día del chocolate (dos de mis cosas preferidas en este mundo). Pasó todo esto y mucho más:


El inicio de la construcción del Muro de Adriano en el 122

La colocación de la última piedra del Monasterio de El Escorial en 1584

El fallecimiento de Felipe II en 1598

La muerte de Michel de Montaigne en 1592

El nacimiento de Daniel Defoe en 1660

El nacimiento de Roald Dahl en 1916

El golpe de Estado de Primo de Rivera en 1923

El nacimiento de Jacqueline Bisset en 1944

El atentado de ETA en la Calle del Correo en 1974

El lanzamiento de Super Mario Bros en 1985

El estreno de Cuéntame en 2001


Pero ninguna más importante para mi como la llegada a este mundo de Víctor, a quien conocimos el 13/09 a las 9:13h tras dos días de eterna inducción y dos semanas antes de lo previsto.

Hasta ese momento no supimos si era niño o niña y yo ni me acordé de mirarlo ni de preguntarlo. ¡Tan poco me importaba!

Después vino el susto inmenso de la mano del cardiólogo infantil. A día de hoy es un niño completamente sano y feliz.

No sé en qué momento se me ocurrió pensar que yo ya era demasiado mayor para tener otro hijo pero sí sé en qué momento una buena amiga me dijo: "Nunca serás tan joven como ahora". Gracias, Anna.

Yo ahora puedo añadir que una puede arrepentirse de los hijos que no ha tenido, pero nunca te vas a arrepentir de los que sí tuviste.

Ante la duda, un niño siempre es bienvenido.














viernes, 8 de septiembre de 2017

¿Ya no somos unschoolers?


En uno de nuestros vlogs más recientes conté que Damián está preparando un examen de inglés. El primer examen de su vida, en realidad. Es un examen oficial de Cambridge y es la primera vez que estudia algo de manera formal. Conté, también, que quiere empezar a estudiar filosofía y que he buscado un programa para ello.


 


Hubo un comentario interesante que pensé que sería mejor contestar en un artículo aquí en el blog, para que no se pierda en Youtube y para poder explicarme bien.

La verdad es que, cuantos más años pasan, más me cuesta explicar qué es el unschooling y cómo se hace. También es verdad que cada vez me interesan menos este tipo de etiquetas, aunque en ocasiones son muy útiles. Ha sido muy útil, en nuestro caso, porque el unschooling es una filosofía educativa muy completa y coherente, donde todo tiene un sentido, y por eso conocer sus fundamentos es de mucha ayuda en momentos de duda.

La pregunta, entonces, no sólo no me sorprende sino que la agradezco inmensamente: si va a estudiar inglés y filosofía de manera formal ¿significa que ya no es unschooler?


La respuesta más honesta es que nos da bastante igual si es o deja de ser unschooler. Eso es lo de menos.

La respuesta más adecuada para satisfacer la curiosidad de todos aquellos que queréis saber más sobre el unschooling es ésta:

El unschooling consiste en proveer a los niños de un entorno adecuado para que el aprendizaje pueda suceder. Ese entorno incluye tanto lo material, como lo afectivo, como lo experiencial. No se pone el énfasis ni en la enseñanza ni en los objetivos (académicos) a conseguir. Es cierto que, de entrada, no trabajamos con entornos similares a los escolares, que nos resultan sumamente artificiales. Pero en ocasiones algún niño puede elegir utilizar algún recurso escolar, como un libro de texto o un curso de alguna materia en concreto. Entonces lo importante es descubrir el por qué de esa elección. Puede haber muchos motivos. Puede que, simplemente, le gusten cierto tipo de recursos, como a mi me encantan los cuadernos de verano y a mi hijo cuando era pequeño le encantaban las fichas de preescolar. Los veíamos como pasatiempos. Puede que tenga interés un aprender algo en concreto y no haya sido capaz de encontrar otro tipo de recurso (y, en este caso, es trabajo de los padres investigar  y ofrecer otras opciones). Puede que quiera tener la experiencia de hacer lo mismo que sus amigos (y que "todo el mundo") hacen en la escuela.

En el caso de Damián suceden dos cosas: quiere tener la experiencia de hacer un examen oficial. Y para prepararlo es necesario que aprenda cómo se hacen estos exámenes, qué tipo de ejercicios le van a pedir que resuelva, cómo trabajar contrarreloj, etc.

Por otro lado, le interesa mucho la filosofía y está en una edad en que el cuerpo empieza a pedirle un trabajo algo más estructurado. Le apetece probarlo. No sabemos si durará dos días, dos semanas o dos años. Lo importante es que ha expresado ese deseo y nosotros hemos puesto los medios necesarios a su alcance, como siempre.

¿Es eso unschooling? Yo diría que sí.
Pero, si no lo es, nos da absolutamente igual.






viernes, 1 de septiembre de 2017

Por fin empieza el cole (¡Ahora lo entiendo!)


Por fin he entendido esa expresión de alivio de algunos padres cuando se acerca el inicio del curso.

Digamos que antes tenía prejuicios, o que me creí aquello de "piensa mal y acertarás". Cuando oía a alguien decir con alivia y alegría "¡por fin empieza el cole!" inmediatamente pensaba: ¿¿es que esta gente no soporta a sus hijos??

-¿Me lo parece a mi o mamá estaba
demasiado contenta con la vuelta al cole?


Vi un meme el otro día -no recuerdo dónde, y no lo guardé- que decía algo así como: "nunca llegará el momento en tu vida en que te arrepientas de haber pasado demasiado tiempo con tus hijos".

Pero la semana pasada pasó una cosa.

Damián se fue de vacaciones con mi madre y va a estar fuera durante dos semanas. Es la primera vez que nos separamos durante tanto tiempo. Cuando llegué a casa, ya sin él, sentí una especie de alivio, una tranquilidad de saber que no tenía que preocuparme por él. Aunque ya tiene 12 años, siempre ha sido muy independiente y me da poco trabajo y ningún problema, yo siempre estoy en modo alerta. Por si acaso. Supongo que es el chip de madre. Supongo que eso es lo que sienten muchas madres en septiembre. No es alivio por perder de vista a sus hijos unas horas al día. Es disponer de unas horas en las que ya no van a estar con esa tensión permanente que, según parece, traemos de fábrica las madres.